lunes, 19 de diciembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 2 (Parte 1)

Al ataque mis valientes ✓ 


Creo que recordaré el período que siguió a ese día como el más horrible de mi existencia, en serio. Después de que el martes todas las chicas se pusieran de acuerdo en amargarme la vida, comenzó una semana negra, negra como el hollín para mí. El primero de los trucos que usaron el miércoles para despertarme a la hora fue el de Estella, una enamorada de la música rock. Según ella, era imposible que no me despertase si ponía la radio para que se encendiese a la hora correcta al máximo volumen, táctica tipo campamento de verano. Utilizamos el estéreo de María para realizar la tarea, que trajimos de su casa entre los dos, porque el mío “no tenía suficiente volumen como para despertarme”. Lo cual probablemente fuera verdad. Lo pusimos en hora, al máximo volumen que permitía el aparato y nos fuimos a dormir esperando que funcionara. Yo tenía una pequeña esperanza dentro de mí pero la mañana del miércoles la esperanza se fue a la porra. Mi madre acabó tan harta de la música que me prohibió ponerla durante un mes y a Ana le pegué tal susto que la pobre se cayó de la cama.

La siguiente táctica fue la de Sara, menos sutil que la primera, la de los vasos de agua. La probamos jueves y viernes pero fue un desastre. Resulta que yo me muevo mucho por la noche y en el transcurso de ésta, con alguno de mis cambios de posición, los vasos se fueron a la porra. Bueno, no, a la porra no, se me cayeron encima, pero siguieron sin despertarme. Lo único que consiguieron fueron un par de chichones y que pillara un resfriado.

El lunes María declaró que no pensaba sacrificar media hora de su sueño para intentar despertarme ella misma así que la siguiente táctica la realizó mi madre. Después de la táctica de los vasos de agua todas estaban bastante desilusionadas pero Claudia decía que no había nada mejor para despertarse que que te despertase otro con fuerza y energía. Mi madre lo intentó, de veras que lo intentó, pero ni tenía la fuerza suficiente para despertarme a golpes ni la paciencia necesaria y tras diez minutos de intentos, lo dejó. Oliver se quejó un rato pero tras la promesa de un paquete de chicles y otro de palomitas se dejó convencer para ser él el que intentara hacer funcionar la táctica de Claudia el martes. Aunque yo tenía la impresión de que en el fondo todo esto le divertía y lo único que quería era probarle a las chicas que él podía conseguir lo que ellas no. Se le desinflaron los ánimos al fracasar.

Finalmente, tras probar la táctica de Silvia a ver si sonaba la flauta por casualidad (que no) todos se dieron por vencidos. No se les ocurrían más trucos para intentar despertarme. María estaba desesperada.

—Estoy muerta, sigo sin creérmelo. ¿Cómo es posible que nada de lo que hacemos consiga despertarte? —me dijo en el recreo.

Estábamos los dos solos sentados en las escaleras del patio, mirando cómo Oliver se descargaba de la tensión del examen de mates chillándoles a los del equipo, “que corrían como nenas” según sus propias palabras.

—Bueno, supongo que es lo que tienen los traumas, no se van fácilmente —respondí a media voz.

—¿Lo consideras un trauma?

Yo me eché a reír.

—¿Te refieres al antes o al después?

Ella suspiró.

—Supongo que tienes razón, igual sí que tendrías que ir al psicólogo.

No pude evitar enarcar una ceja.

—¿Qué? A lo mejor sirve de algo.

—Nah, imposible. De todas formas, ahora eso no es lo más preocupante.

En efecto. Lo más preocupante en esos momentos era que Luis parecía haberme cogido ojeriza, a lo bestia. Tal y como comprobamos todos al pasar los días, el gafas era un profesor correcto, serio, que tenía la mente bien clara y centrada en lo que debía. Pero también era atento y amigable. Muchas de las chicas que tenían problemas en Lengua (y muchas de las que no también) se pasaban por su despacho a menudo para que les echara una mano y él siempre tenía la puerta abierta. Hasta los chicos le consideraban “un tío legal” y le saludaban por los pasillos. En realidad, todos le saludaban por los pasillos, y Luis siempre respondía con una sonrisa, siempre, con todos. Con todos menos conmigo. A mí me miraba con algo que calificaría de mirada asesina cuando estábamos en clase, me hacía las preguntas más difíciles y no me pasaba ni una. Por los pasillos hacía algo más simple, me ignoraba, como si yo no estuviese entre el mar de gente que atestaba el instituto (algo bastante difícil de hacer, dada mi altura, pero que a él le salía sorprendentemente bien).

Luego estaban los castigos. Tal y como había prometido, cada vez que yo llegaba tarde, él me castigaba con algo. Normalmente solía ser después de que acabaran las clases, lo que siempre molestaba más que que te castigaran durante el recreo, que, quieras que no, sólo duraba media hora, mientras que después de clase podía obligarme a quedarme todo lo que le diera la gana. Gracias a mí y a mis castigos, la biblioteca nunca estuvo tan recogida ni sus libros tan ordenados, debo asegurarlo. Alguna que otra vez me dejó en su despacho colocando papeles y dossieres, otras tardes simplemente me dejaba en la biblioteca dos horas, allá me apañase yo, y me daba ejercicios de lengua para que los hiciese, los cuales debía tener perfectos para que yo saliese por la puerta. Y esto nunca pasaba antes de dos horas.

Yo ya no sabía si sentirme cabreado, ofendido, una persona horrible o un mártir. Por un lado sabía que me merecía los castigos por llegar tarde, pero no me explicaba el afán que tenía el gafas de odiarme. ¿Se podía coger ojeriza a un alumno por llegar tarde todos los días? Yo no lo sabía, nunca había sido profesor, pero para mi gusto el hombre se estaba pasando, sobre todo cuando yo no hacía nada aparte de llegar tarde para merecerme su odio. Sí, Lengua y Literatura no era mi asignatura predilecta, ni aquélla en la que sacaba mejores notas, pero oye, yo me esforzaba. Que se lo dijeran a mis esporádicos seises, esos que aparecían cuando los exámenes iban de gramática o más cultura general. Y si hablamos del plano sentimental (por llamarlo de alguna manera) yo no lo miraba con desprecio ni con altivez ni lo criticaba a sus espaldas. De hecho, hasta le saludaba cuando le veía, de lejos o de cerca, pese a que no me hiciera ni caso.

Y todo esto junto, agrupado, mezclado y fusionado, me revolvía las tripas.

—En serio que no lo entiendo, María, cuanto más intento ser buena persona con él más se cabrea.

—A lo mejor es que estás haciendo algo mal.

La miré alucinado.

—¿Yo? ¿Porqué yo? —me quejé.

—Bueno, es obvio, es él el que está enfadado contigo, no al revés.

—¡Sí, pero no hay motivo! —insistí.

—En eso tienes razón, hay algo en todo esto que me parece un poco raro. Después de todo, también alguno que otro llega tarde a clase, aunque no sea a la suya, y sin embargo no se lleva mal con nadie más que contigo.

—¡Exacto! —resalté con energía—. Oliver llegó tarde el otro día a Matemáticas y a Historia, pero sin embargo a él no le dijo nada. Vale que yo llego tarde a todas las clases a primera hora pero no es justo que sólo yo pague el pato, a todas las demás clases llego puntual y lo sabes.

Sorbí con fuerza el último poso del batido de chocolate y lo lancé contra la papelera tras aplastar el envase hasta formar una bola irreconocible, haciendo canasta. Me sentía cabreado y tenía que dejar salir el enfado como pudiera, antes de que me explotara en la cara. A mí o a cualquier otro. La canasta me dio una pequeña y estúpida satisfacción, pero satisfacción al fin y al cabo.

—A lo mejor es precisamente porque no eres como el resto, que no te esfuerzas en llegar a tiempo a su clase —alzó los brazos en pose defensiva cuando abrí la boca para protestar—. Que sí, que te esfuerzas, pero él no tiene porqué saberlo, ¿no te parece?

—O sea, que se cabrea porque no soy una ovejita obediente, ¿no? Pues que le den, él no es especial ni nada parecido. Si no puedo no puedo y si no le gusta me da igual. Estoy hasta las narices de ponerle buena cara y salir escaldado. Se acabó el Adrián con buen carácter.

María había seguido callada en su mundo mientras yo exponía mis intenciones y no pude evitar pensar que siempre había sido así, de las que rumian y rumian el problema hasta dar con la solución y presentársela al mundo con una sonrisa, como si hubiera dado con la panacea. Ay mi niña, cómo la quería.

—Hay otra posibilidad pero... no, no creo que sea tan tonto. Digo yo.

María apartó de mi mente mis pensamientos mujeriles y maternales y yo esbocé una sonrisa sardónica.

—Ja. No estoy yo totalmente seguro a ese respecto, mi querida científica.

Puse pose de doctor experto en materia y esperé a que riera, cosa que hizo. Sobre nosotros sonó el timbre que anunciaba el fin del recreo y no nos quedó otra que dejar el tema para otro día, u otro momento. Uno de los temas favoritos de María era los nuevos grupos de música que iba descubriendo poco a poco, cada día uno más, así que de camino a Historia me fue contando su último descubrimiento (realizado esa misma madrugada por aquello de las tres). Cuando pasamos por las escaleras para subir al tercer piso se nos cruzó Luis y yo tuve la satisfacción extrema de sonreírle con sorna cuando cruzó sus mirada con la mía. ¿Quería guerra? Yo se la iba a dar.

4 comentarios:

Logan Martínez dijo...

Siiiii dale guerra muahahahahaha ¿hablamos de sexo? O.O XDDDD
No me puedo creer que no funcionara nada ¡es imposible! Si me despierto yo con música ¿cómo no se va a despertar él? Pero ese niño ¿de que está hecho? Macho...es imposible...
Yo tampoco entiendo porque se enfada tanto con él y me estoy muriendo de curiosidad .___. y no veo justo que a los demás no los castigue (a mi solo me ponían negativos si llegaba tarde y a los 3 negativos llamaban a mi casa...pero yo era puntual casi siempre).

Luis me recuerda a mi profe de filo <3 tan correcto y educado y sonriendo a los alumnos cuando lo saludan en los pasillos... ains, que me enamoro~

C. Wolf dijo...

Ya estoy poniéndome al día, babeeeeeeeeeeeee!!! ;D

Y me está gustando, sí señor! A la guerra se ha dicho, estoy totalmente de acuerdo!!!!!!!!!!!! xDDDDDDD ^^

Aqua Äre dijo...

Nop, no hablamos de sexo todavía xDD
Es que Adrián es especial... XD
La causa es bastante tonta, es de esas cosas que no se entienden dos personas y entonces uno se cabrea, el otro también y al final no merecía la pena xD
Tenías un profe así?? (O una profe) WAAAAAAH, lo que hubiera dado yo por tener alguien así y no a Campanitas ni al señor Ducha fría ;____;

Wolf! Estás por aquí **___________** Me alegro mucho de que te esté gustando, pero mucho mucho. Y si ves algo que no te concuerda, pregúntalo! Así me echáis una manita :33

Chandria dijo...

Uy uy uy... esto se pone cada vez más interesante! Me pregunto qué hará Adrián ahora para entrar en la guerra profesor-alumno *_*
Joer... es que me dan ganas de presentarme en la habitación del chaval por la mañana y cogerle de la oreja para sacarlo de la cama y que esté presentable y en hora en clase (así no llegaría tarde xD).
Y si cambia el horario del sueño? Acostarse muy temprano (pero muy temprano xD) aunque claro, por tan poco, no merece algo así la pena.
En fin, espero que no nos dejes mucho tiempo más a la espera, cordera (como diría Duncan xD). Ale! A escribir, a escribir :P