lunes, 19 de diciembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 2 (Parte 1)

Al ataque mis valientes ✓ 


Creo que recordaré el período que siguió a ese día como el más horrible de mi existencia, en serio. Después de que el martes todas las chicas se pusieran de acuerdo en amargarme la vida, comenzó una semana negra, negra como el hollín para mí. El primero de los trucos que usaron el miércoles para despertarme a la hora fue el de Estella, una enamorada de la música rock. Según ella, era imposible que no me despertase si ponía la radio para que se encendiese a la hora correcta al máximo volumen, táctica tipo campamento de verano. Utilizamos el estéreo de María para realizar la tarea, que trajimos de su casa entre los dos, porque el mío “no tenía suficiente volumen como para despertarme”. Lo cual probablemente fuera verdad. Lo pusimos en hora, al máximo volumen que permitía el aparato y nos fuimos a dormir esperando que funcionara. Yo tenía una pequeña esperanza dentro de mí pero la mañana del miércoles la esperanza se fue a la porra. Mi madre acabó tan harta de la música que me prohibió ponerla durante un mes y a Ana le pegué tal susto que la pobre se cayó de la cama.

La siguiente táctica fue la de Sara, menos sutil que la primera, la de los vasos de agua. La probamos jueves y viernes pero fue un desastre. Resulta que yo me muevo mucho por la noche y en el transcurso de ésta, con alguno de mis cambios de posición, los vasos se fueron a la porra. Bueno, no, a la porra no, se me cayeron encima, pero siguieron sin despertarme. Lo único que consiguieron fueron un par de chichones y que pillara un resfriado.

El lunes María declaró que no pensaba sacrificar media hora de su sueño para intentar despertarme ella misma así que la siguiente táctica la realizó mi madre. Después de la táctica de los vasos de agua todas estaban bastante desilusionadas pero Claudia decía que no había nada mejor para despertarse que que te despertase otro con fuerza y energía. Mi madre lo intentó, de veras que lo intentó, pero ni tenía la fuerza suficiente para despertarme a golpes ni la paciencia necesaria y tras diez minutos de intentos, lo dejó. Oliver se quejó un rato pero tras la promesa de un paquete de chicles y otro de palomitas se dejó convencer para ser él el que intentara hacer funcionar la táctica de Claudia el martes. Aunque yo tenía la impresión de que en el fondo todo esto le divertía y lo único que quería era probarle a las chicas que él podía conseguir lo que ellas no. Se le desinflaron los ánimos al fracasar.

Finalmente, tras probar la táctica de Silvia a ver si sonaba la flauta por casualidad (que no) todos se dieron por vencidos. No se les ocurrían más trucos para intentar despertarme. María estaba desesperada.

—Estoy muerta, sigo sin creérmelo. ¿Cómo es posible que nada de lo que hacemos consiga despertarte? —me dijo en el recreo.

Estábamos los dos solos sentados en las escaleras del patio, mirando cómo Oliver se descargaba de la tensión del examen de mates chillándoles a los del equipo, “que corrían como nenas” según sus propias palabras.

—Bueno, supongo que es lo que tienen los traumas, no se van fácilmente —respondí a media voz.

—¿Lo consideras un trauma?

Yo me eché a reír.

—¿Te refieres al antes o al después?

Ella suspiró.

—Supongo que tienes razón, igual sí que tendrías que ir al psicólogo.

No pude evitar enarcar una ceja.

—¿Qué? A lo mejor sirve de algo.

—Nah, imposible. De todas formas, ahora eso no es lo más preocupante.

En efecto. Lo más preocupante en esos momentos era que Luis parecía haberme cogido ojeriza, a lo bestia. Tal y como comprobamos todos al pasar los días, el gafas era un profesor correcto, serio, que tenía la mente bien clara y centrada en lo que debía. Pero también era atento y amigable. Muchas de las chicas que tenían problemas en Lengua (y muchas de las que no también) se pasaban por su despacho a menudo para que les echara una mano y él siempre tenía la puerta abierta. Hasta los chicos le consideraban “un tío legal” y le saludaban por los pasillos. En realidad, todos le saludaban por los pasillos, y Luis siempre respondía con una sonrisa, siempre, con todos. Con todos menos conmigo. A mí me miraba con algo que calificaría de mirada asesina cuando estábamos en clase, me hacía las preguntas más difíciles y no me pasaba ni una. Por los pasillos hacía algo más simple, me ignoraba, como si yo no estuviese entre el mar de gente que atestaba el instituto (algo bastante difícil de hacer, dada mi altura, pero que a él le salía sorprendentemente bien).

Luego estaban los castigos. Tal y como había prometido, cada vez que yo llegaba tarde, él me castigaba con algo. Normalmente solía ser después de que acabaran las clases, lo que siempre molestaba más que que te castigaran durante el recreo, que, quieras que no, sólo duraba media hora, mientras que después de clase podía obligarme a quedarme todo lo que le diera la gana. Gracias a mí y a mis castigos, la biblioteca nunca estuvo tan recogida ni sus libros tan ordenados, debo asegurarlo. Alguna que otra vez me dejó en su despacho colocando papeles y dossieres, otras tardes simplemente me dejaba en la biblioteca dos horas, allá me apañase yo, y me daba ejercicios de lengua para que los hiciese, los cuales debía tener perfectos para que yo saliese por la puerta. Y esto nunca pasaba antes de dos horas.

Yo ya no sabía si sentirme cabreado, ofendido, una persona horrible o un mártir. Por un lado sabía que me merecía los castigos por llegar tarde, pero no me explicaba el afán que tenía el gafas de odiarme. ¿Se podía coger ojeriza a un alumno por llegar tarde todos los días? Yo no lo sabía, nunca había sido profesor, pero para mi gusto el hombre se estaba pasando, sobre todo cuando yo no hacía nada aparte de llegar tarde para merecerme su odio. Sí, Lengua y Literatura no era mi asignatura predilecta, ni aquélla en la que sacaba mejores notas, pero oye, yo me esforzaba. Que se lo dijeran a mis esporádicos seises, esos que aparecían cuando los exámenes iban de gramática o más cultura general. Y si hablamos del plano sentimental (por llamarlo de alguna manera) yo no lo miraba con desprecio ni con altivez ni lo criticaba a sus espaldas. De hecho, hasta le saludaba cuando le veía, de lejos o de cerca, pese a que no me hiciera ni caso.

Y todo esto junto, agrupado, mezclado y fusionado, me revolvía las tripas.

—En serio que no lo entiendo, María, cuanto más intento ser buena persona con él más se cabrea.

—A lo mejor es que estás haciendo algo mal.

La miré alucinado.

—¿Yo? ¿Porqué yo? —me quejé.

—Bueno, es obvio, es él el que está enfadado contigo, no al revés.

—¡Sí, pero no hay motivo! —insistí.

—En eso tienes razón, hay algo en todo esto que me parece un poco raro. Después de todo, también alguno que otro llega tarde a clase, aunque no sea a la suya, y sin embargo no se lleva mal con nadie más que contigo.

—¡Exacto! —resalté con energía—. Oliver llegó tarde el otro día a Matemáticas y a Historia, pero sin embargo a él no le dijo nada. Vale que yo llego tarde a todas las clases a primera hora pero no es justo que sólo yo pague el pato, a todas las demás clases llego puntual y lo sabes.

Sorbí con fuerza el último poso del batido de chocolate y lo lancé contra la papelera tras aplastar el envase hasta formar una bola irreconocible, haciendo canasta. Me sentía cabreado y tenía que dejar salir el enfado como pudiera, antes de que me explotara en la cara. A mí o a cualquier otro. La canasta me dio una pequeña y estúpida satisfacción, pero satisfacción al fin y al cabo.

—A lo mejor es precisamente porque no eres como el resto, que no te esfuerzas en llegar a tiempo a su clase —alzó los brazos en pose defensiva cuando abrí la boca para protestar—. Que sí, que te esfuerzas, pero él no tiene porqué saberlo, ¿no te parece?

—O sea, que se cabrea porque no soy una ovejita obediente, ¿no? Pues que le den, él no es especial ni nada parecido. Si no puedo no puedo y si no le gusta me da igual. Estoy hasta las narices de ponerle buena cara y salir escaldado. Se acabó el Adrián con buen carácter.

María había seguido callada en su mundo mientras yo exponía mis intenciones y no pude evitar pensar que siempre había sido así, de las que rumian y rumian el problema hasta dar con la solución y presentársela al mundo con una sonrisa, como si hubiera dado con la panacea. Ay mi niña, cómo la quería.

—Hay otra posibilidad pero... no, no creo que sea tan tonto. Digo yo.

María apartó de mi mente mis pensamientos mujeriles y maternales y yo esbocé una sonrisa sardónica.

—Ja. No estoy yo totalmente seguro a ese respecto, mi querida científica.

Puse pose de doctor experto en materia y esperé a que riera, cosa que hizo. Sobre nosotros sonó el timbre que anunciaba el fin del recreo y no nos quedó otra que dejar el tema para otro día, u otro momento. Uno de los temas favoritos de María era los nuevos grupos de música que iba descubriendo poco a poco, cada día uno más, así que de camino a Historia me fue contando su último descubrimiento (realizado esa misma madrugada por aquello de las tres). Cuando pasamos por las escaleras para subir al tercer piso se nos cruzó Luis y yo tuve la satisfacción extrema de sonreírle con sorna cuando cruzó sus mirada con la mía. ¿Quería guerra? Yo se la iba a dar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 1 (Parte 4)

Creo que María me llamó un par de veces la atención en mitad de la clase, puede que me enterara y que la ignorara, que la ignorara sin más o que ni siquiera me diera cuenta. Estaba en las nubes. De vez en cuando miraba a Luis dar vueltas entorno a la pizarra mientras explicaba algo en lo que no tenía interés pero la mayor parte del tiempo estaba en mi propio mundo. Hay veces que te pasa eso, te levantas activo y en cuanto pones el culo en una silla te quedas empanado.

Cuando por fin acabó la clase María tuvo que sacudirme a lo bestia por los hombros para que yo me diera cuenta del estado en el que estaba y me levantara soltando un sonoro bostezo.

—¿No dormiste anoche? —me preguntó con un deje de reproche en la voz.

—Qué va, dormí sin problemas, pero ha sido sentarme y entrarme la modorra —traté de explicar.

—Ya. Bueno, pues yo me voy a clase de Francés, que te lo pases bien con tu modorra.

Lo había dicho con tono borde y antes de que yo pudiera contestar media palabra ya había salido escopetada por la puerta. Al parecer estaba enfadada y sólo me llevó medio segundo adivinar porqué, después de todo, había llegado tarde. Y no era la única. Luis estaba en la mesa del profesor, guardando sus cosas con gestos sospechosamente bruscos mientras el resto de la clase salía del aula. Suspiré y, asumiendo que no me quedaba otra, decidí acercarme a él para intentar arreglar las cosas.

—Ehm, profesor —le llamé.

Luis levantó la cabeza y paró lo que estaba haciendo para prestarme toda su atención.

—¿Sí?

—Verá, quería darle las gracias. Por no castigarme y eso —dije sintiéndome un tanto estúpido.

—No tienes por qué darlas —dijo él—. Después de todo, ya te he dicho que si el jueves vuelves a llegar tarde, nadie te salvará del castigo.

—Bueno... es que... —traté de empezar. Joder, qué difícil era esto.

—¿El qué es?

—¿Qué? —pregunté yo a mi vez, desorientado.

—¿El qué “es que...”?

—No lo entiendo —dije sinceramente.

—Ni yo a ti —me respondió él. Luego esbozó una sonrisa—. Soy profesor de Lengua y Literatura, Adrián, no sólo de Literatura, como pareces creer. Y me gusta que mis alumnos sepan lo que están diciendo en cada momento. Tampoco me gustan los balbuceos ni los rodeos, así que, si tienes que decir algo, dilo directamente.

Ah, vale, genial. Pues adelante mis valientes. Tomé aire.

—No creo que el jueves llegue a tiempo tampoco.

El gafas me miró y yo le miré a él, esperando una respuesta, tenso como la cuerda de una guitarra.

—Ya veo.

Para mi asombro, el hombre alargó las manos hacia sus cosas y terminó de recogerlas todas, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta. Yo, sin saber muy bien qué podía haberle pasado por la mente al profesor (¿de verdad tanto le importaba que llegase o no tarde para ponerse así?), le seguí. Algo me decía que la acababa de cagar.

—Espere un momento, profesor...

—La cuestión es simple: —dijo parándose en la puerta y dándose la vuelta un momento— si no quieres que te castigue, no llegues tarde. No hay más.

Salió por la puerta y yo me quedé allí con cara de bobo. Para cuando por fin reaccioné y saqué la cabeza por la puerta, el gafas ya se había esfumado por alguno de los pasillos secundarios que cruzaban el pasillo central del segundo piso. Suspiré y salí yo también, en dirección a la clase de Ampliación de Inglés.

Pasé las siguientes dos horas aburrido como un muerto. La modorra me había abandonado ya por completo y, para mi frustración, cada minuto pasaba lenta y monótonamente, como si supiera que cuanto más lento fuera peor para mí. Como añadidura, por si no había tenido ya bastante esa mañana, María había decidido que quería seguir cabreada conmigo y se pasó la clase entera de Matemáticas ignorando mis intentos de hablar con ella, incluída la notita que le pasé a través de Clara, una de sus amigas, que parecía más bien divertida con todo aquello. María cogió el papel sin mirarlo y se lo pasó a Oliver, que puso cada de circunstancias al leer que le decía “Quiero hablar contigo, no me ignores, por favor” porque para empezar él no estaba ignorándome y porque cuando quería hablar con él hacía el típico gesto masculino que significaba “eh tío, luego te cuento una cosa”. Le indiqué que ignorara la nota y planté la barbilla en la mesa, girando la cabeza en un ángulo raro para ver si así cobraban sentido los números que Julio estaba haciendo en la pizarra.

Cuando acabó la clase y sonó el timbre del recreo me levanté lo más rápido que pude para agarrar a María y que no se escapase pero esta ya se había hecho su escudo particular de chicas con Clara, Silvia, Andrea, Estella y Sara y se dirigía a la puerta. ¿He comentado ya lo mucho que odio que las chicas vayan en grupo hasta al baño?

Pero aquella vez no se iba a zafar de mí tan fácilmente así que la seguí al patio y cuando vi un hueco entre faldas, pantalones pitillo y abrigos que no tenían que dar el más mínimo calor, alargué la mano y la agarré para sacarla del círculo entre sus protestas.

—¡Adrián, suéltame! ¡Estoy cabreada, ¿sabes?! ¿No entiendes el significado de la palabra o qué?

—No cuando te enfadas sin razón —le respondí, haciéndole un gesto a sus amigas para que nos dejaran en paz un rato. Ella se indignó.

—¿Sin razón? —dijo ella—. ¡Has vuelto a llegar tarde! Te dije que pusieses despertadores.

—¡Y los he puesto!

—Ya. ¿Cuántos? ¿Uno? ¿Dos? Sabes perfectamente que eso no es capaz de despertarte. Aunque a lo mejor ni siquiera me has hecho caso y simplemente te has puesto a dormir como siempre, dejando que te despierte tu madre —se burló.

Debía de estar realmente cabreada pero ahora me estaba calentando yo.

—Te equivocas —le dije.

—¿Ah, sí? ¿Cuántos despertadores pusiste? —volvió a decir con aire de burla.

—¡CUATRO!

Odiaba cuando ponía esa expresión de burla y se negaba a escucharme así que el grito me salió automático. María me miró con algo parecido a una leve alarma en la mirada y yo traté de calmarme. Venga, Adri, me dije, respira, expira... Lo siguiente ya lo dije en tono normal.

—Cuatro. Puse cuatro despertadores, y el móvil. Cinco en total, eso es lo que trataba de decirte.

—Vaya...

Sí, vaya. Vaya mierda, pensé yo.

—Lo siento, Adri, pensé que no me habías hecho caso.

—Nah, más lo siento yo. Te he gritado como un energúmeno —dije.

—Sí, pero sólo un poco —dijo ella tratando de salvar la situación.

—Bastante.

—Vale, sí, bastante. Eres un energúmeno que ha gritado como un energúmeno. ¿Contento? —declaró dándose por vencida.

Yo esbocé una sonrisa.

—Mucho.

Ambos nos echamos a reír en el preciso momento en el que Oliver se nos acercaba con cara de malas pulgas. Al parecer había oído el grito y venía a defender a María pero al ver que ya no había nada que defender se quedó un poco descolocado. Finalmente se encogió de hombros y me pasó un brazo por encima.

—Hey, colega. ¿A qué ha venido ese grito? —dijo.

—Ha sido un grito de energúmeno —le respondí.

—No no, ha sido el grito de energúmeno de un energúmeno —matizó María, y los dos nos echamos a reír otra vez. Obviamente, Oliver no se estaba enterando de nada.

—Am. ¿Y se puede saber a qué ha venido el grito de energúmeno de este energúmeno que tengo aquí a mi lado? —preguntó de nuevo.

—Resulta que Luis, el nuevo de Literatura —Lengua y Literatura, pensé yo para mis adentros— exige puntualidad absoluta en sus clases y ya sabes cómo es el energúmeno, ha vuelto a llegar tarde —respondió María.

—Ah, con que es eso —dijo Oliver, como si eso lo explicase todo. Aunque sí que lo explicaba todo, no había sido capaz de llegar a tiempo a una primera hora desde hacía tres años ya.

—Pero esta mañana Luis te ha perdonado, ¿no? —intervino Clara, que había vuelto a su lado con el grupo de chicas una vez habían visto que los ánimos se habían enfriado.

—Sí, pero no lo va a volver a hacer —me lamenté—. Es más, cuando ha salido de clase parecía súper enfadado.

—Oh...

—Y todos sabemos que no voy a ser capaz de levantarme a la hora —añadí.

—No, no lo sabemos.

La voz vino de María, que parecía acabar de tomar la decisión más importante de su vida. Todos la miramos sorprendidos.

—Hay muchas cosas que todavía no hemos probado. Podemos ponerte más despertadores en el cuarto, probar con una radio que se encienda a una hora determinada, que vaya yo a despertarte...

—Ah, no, no, ni de coña. De ti no me fío —dije rápidamente, haciendo que todos estallaran en carcajadas.

—Cuando mi hermano quiere levantarse temprano pone el despertador y un vaso de agua al lado y siempre que va a apagarlo se le cae encima y acaba mojado. Y ya no se duerme —dijo Sara, en un intento de ayudar. La idea me produjo un escalofrío.

—Yo me suelo despertar por la noche porque me destapo, quizás si duermes sin taparte te despiertes antes —sugirió Silvia a su vez.

—No sé yo... —dije, pero mi voz fue ahogada por María, que miraba a sus amigas con arrobo.

—Te compadezco, compañero —me dijo Oliver todavía con el brazo encima de mis hombros mientras veía cómo las chicas se daban ideas unas a otras.

—Yo también —dije sinceramente.

Parecía que allí estábamos de más así que Oliver me propuso jugar un partido (maravillosos partidos de Oliver, los consideraba la panacea) y juntos nos encaminamos al medio campo dejando a las adolescentes histéricas que eran las chicas planeando mi muerte en su esquinita al lado de las escaleras.
Antes de ponernos a jugar tuve una sensación rara y alcé la cabeza para mirar el corredor acristalado del segundo piso que se erguía en frente del campo de fútbol. El gafas estaba allí, mirando al patio con aire distraído. No sé qué me dio pero alcé la mano para saludarle con una sonrisa. No voy a decir Si Luis no me vio... porque me vio, y nada más verme se dio la vuelta y se alejó del ventanal, como con aire ofendido. Yo me quedé donde estaba, con la mano en alto y de nuevo cara de estúpido. Cuando sonó el silbato de Oliver, indicando el principio del partido, me di la vuelta y me dirigí a la pelota corriendo. Había veces que los profesores eran tan difíciles de entender que me preguntaba si vendrían del espacio.

Fin de Preséntese, por favor ✓

viernes, 2 de diciembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 1 (Parte 3)

A las siete María se pasó por casa —previa llamada para asegurarse de que había acabado con los deberes y que no tenía nada más que preguntarle— y entre los dos nos dedicamos a poner verdes a los dibujos animados que había en ese momento. Finalmente Ana se fue a la cocina a terminar un dibujo que le había prometido a Marina y María y yo nos quedamos a solas en el salón viendo Hora de aventuras.

—¡¿QUÉ?! —preguntó María cuando le conté lo que había pasado esa tarde—. ¿Me estás diciendo que ese tío bueno que tenemos por profesor de Literatura vive a dos manzanas de nuestra casa?

Nuestras casas, querida María —puntualicé masajeándome los oídos. Ese grito me había dejado sordo—. Pero sí, el gafas vive por aquí.

—¿El gafas? ¿Ya le has puesto mote? Y no es el más original precisamente... —murmuró, como si no la pudiera oír, sentada como estaba a mi lado en el sofá.

—Bueno, lleva gafas —me defendí—. Pero de todas formas, ¿tan bueno os parece que está? Yo lo único bueno que le veo es la cara. Es un tirillas, seguro que ese tío no ha hecho ejercicio en su vida.

—Aunque a ti pueda parecerte que el deporte es todo en la vida y que un par de brazos como jamones ibéricos son el mejor complemento para una chica, afortunadamente nosotras no pensamos lo mismo. Lástima que tú no seas más que un puñado de músculos y poco cerebro. ¿Dónde has perdido las neuronas, Chuck Norris? —dijo ella en son de burla dándome en la frente con el dedo índice.

Yo me hice el ofendido.

—Ya, pues que sepas que yo soy mucho mejor que él, estoy mucho más bueno y...

—¿Y?

—Y hago tortitas —dije recurriendo a una baza inesperada que se me acababa de ocurrir.

María se quedó momentáneamente callada. No había otra cosa que pudiera callar a María más que las tortitas. Lloraba por ellas, rogaba por ellas, mataba por ellas.

—Seguro que un hombre tan bueno como él sabe hacer tortitas de todos los tamaños y colores. Y mejores que las tuyas.

—Ya, seguro. NADIE hace las tortitas mejor que yo —me pavoneé.

—Por supuesto, por supuesto. Oye, ¿y cómo hemos acabado hablando de tí, Jonás? Volvamos al tema candente. ¿Qué llevaba puesto? —dijo María, decidida a olvidar su momento de debilidad.

—Eh... llevaba... ¿ropa?
Respondí lo primero que se me ocurrió y María me miró como si me estuviera perdonando la vida.

—¿Yo qué sé? Pues pantalones, lo normal, ¿acaso querías que llevara falda? —pregunté intentando salvar la situación. No tenía yo como hobby precisamente el ir mirando qué llevaban puesto los demás tíos a mi alrededor.

—Adrián, hay veces que me pregunto seriamente si eres así de tonto o si finges serlo. Dejemos el tema de la moda de lado. ¿Llevaba gafas como en clase? ¿Cuál dijo que era su casa?

—Pues sí llevaba gafas y me dijo que se acababa de mudar a ese edificio de pijos con la portería azul que hay cerca de la Rotonda de Marzo.

—Awwwwww —dijo ella poniendo cara de cordero degollado. Yo puse cara de asco, ganándome una colleja.

—¡Au!

—No te burles de los sanos sentimientos de una dama.

—¿Qué dama? Yo aquí no veo ninguna —dije moviendo la cabeza de lado a lado para observar la habitación en su totalidad.

—Adriáaaaaaaaaaaan...

Cuando mi madre llegó a casa ni me enteré, ya que estaba corriendo alrededor de los sillones del salón con una María furiosa tras mis pies, y casi la atropello. Como buen hijo de mamá haría me puse a su espalda y dejé que me protegiera de la bestia parda en que se había convertido mi amiga. Y mi madre, más en solidaridad con la bestia parda antes que con su propio hijo, la invitó a cenar. Mierda.

Al final el día acabó sin más percances ni peligrosas amenazas de asesinato pero cuando María volvió a su casa no lo hizo sin antes darme un consejo:

—Yo que tú, Adriancito de mi corazón, registraría la casa entera en busca de despertadores y los pondría todos en hora para que mañana tuvieras alguna oportunidad.

—Sabes que no va a funcionar —objeté.

María se puso seria y me miró a los ojos.

—La esperanza es lo último que se pierde. Y mejor esto que que te fuerce a ir al psicólogo, ¿no? —hizo una pausa—. Al menos inténtalo, no puedes seguir tu vida de esta manera.

Lo dijo con un tono tan lastimero que no pude hacer otra cosa que darle un abrazo y prometerle que pondría la casa patas arriba en busca de los dichosos despertadores. He aquí lo que una amiga de la infancia puede llegar a hacer contigo si te pilla por las partes convenientes. Escalofriante.

Al final me fui a la cama con cuatro despertadores en la cabecera de la cama, además del móvil, todos puestos en hora y con la alarma activada para que me despertaran al día siguiente a las siete y cuarto. “Tiene que funcionar”, me dije a mí mismo antes de apagar la luz y cerrar los ojos.

*****

Al día siguiente lo primero que salio de mis labios fue una palabrota. Sí, estaban todos los despertadores sonando, sí, me había despertado. No, no iba a llegar a tiempo. ¿Porqué? Porque el dichoso cerebro de Adrián Estébanez está programado para no despertarse cuando debe, para ignorar los pitidos del despertador (en este caso de los despertadores), para ignorar las tres llamadas que de camino al instituto vi que me había hecho María. Estaba hasta las narices.

Lo mejor fue la cara del gafas.

—De nuevo, tarde.

Me miraba con lo que sólo se podría denominar como una mirada asesina. Si hubiera sido un perro, habría bajado las orejas.

—Lo siento mucho profesor.

—Ya. ¿Y tienes alguna buena excusa? —preguntó. Puede que me perdonara y todo.

—No escuché el despertador.

—He dicho buena.

Pues no, no me iba a librar. Negué mirando para otro lado y maldiciendo contra mí mismo. Si me castigaba no me quedaría otra que apechugar. Luis suspiró.

—Por hoy está bien, pero no quiero que se vuelva a repetir. Si el jueves vuelves a llegar tarde, el castigo será el doble de malo. ¿Estamos?

Me quedé con la boca abierta. No me creía lo que acababa de pasar. Vale que los profesores sustitutos normalmente no fueran muy duros pero el gafas tenía de duro lo que yo de madrugador. Luis carraspeó, todavía esperando la respuesta, y yo salí de mi trance.

—Eh, sí. Sí, claro.

Me dirigí a mi asiento, al lado de María, como siempre y apoyé la mochila en la pata de la mesa, mirando al gafas mientras nos daba la espalda para escribir en el pizarrón.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 1 (Parte 2)

Un par de horas más tarde sonó el timbre del recreo y toda la clase salió en desbandada dejando a Julio, el profesor que daba Matemáticas Aplicadas, con la palabra en la boca. Nada más salir al patio inhalé el aire fresco del otoño y salí pitando para el campo de fútbol.

-¡Eh, Adri! -me saludó Oliver. Me chocó la mano con aire de colegueo y me puso un brazo por encima del hombro-. ¿Te apuntas? Somos impares y aquí nuestro amigo Dani ha pedido guerra.

Miré al mencionado, que era el alero derecho del equipo de fútbol, el cual estaba dando unos toques al balón y sonrió cuando reparó en mí. Estaba acompañado por Jorge, Andrés, Teo (que se llamaba Esteban, Dios sabía porqué), Rodrigo y Alberto. Era el típico partido de todos los descansos, tradición creada para descargar frustración porque no te salían las derivadas, porque te habían pillado durmiendo en Biología o porque querías enseñar palmito. Sonreí.

-Por supuesto, tío. ¡Vamos a darles una paliza!

No es por fardar pero gracias a que yo estaba allí, ganamos por 4-2. Qué decir, pocas cosas se me dan tan bien como los deportes; fútbol, baloncesto, carreras... cuando jugaba al pingpon me cargaba las bolas pero si dejábamos ese pequeño bache de lado, mi expediente estaba perfecto.

-¡Venga, Adri, machácales el trasero! -se oía de vez en cuando a María, que nos vitoreaba desde las gradas. Nunca se acercaría a un balón pero le emocionaba vernos jugar, y ay de nosotros como no ganásemos cuando tocaba.

A la vuelta a clase la agarré por detrás de improviso, haciendo que saltara como una rana a la que han pinchado con un palo.

-¡Joder, Adri! ¡Me has pegado un susto de muerte!

-Venganza, mi queridísima María, venganza. Ese codazo en clase dolió mucho pero que mucho, ¿sabes?

-Deberías agradecerme que te lo diera -replicó ella ignorando el hecho de que la tenía agarrada todavía y apenas podíamos avanzar dos pasos entre la marea humana-. Si no lo hubiera hecho ahora estarías castigado.

-Ya, bueno, eso es verdad -ya podía dar gracias de que el gafas no castigara a la primera, también.

-¿Y? ¿Qué vas a hacer? Porque está claro que no vas a conseguir llegar a tiempo todos los días que él de clase.

-Argh -me había olvidado de aquél problema durante el partido. Gracias María por sacarlo a colación-. Mierda. ¿Qué puedo hacer? Llegar pronto no es precisamente lo mío...

-No es que no sea precisamente lo tuyo. Es que no es lo tuyo, punto -rió ella.

-Ya, sí, muy gracioso, carcajeante. Any idea?

-Ninguna en absoluto, si quieres que te sea sincera.

La miré con cara de pasmo absoluto. María, mi María, que siempre me sacaba de los líos, no tenía idea sobre cómo ayudarme. Estaba perdido. El resto del camino lo hice con la cabeza en las nubes, tratando de idear alguna manera en que pudiera llegar a clase lunes, martes y jueves. Pero para cuando llegó la hora del receso final, la hora de la libertad para el resto de los mortales, yo todavía no había conseguido que se me ocurriese nada y me sentía patético. Pero patético de verdad.

Cuando llegué a casa Ana ya me estaba esperando con cara de “come rápido que nos vamos al parque” y se llevó una decepción cuando le dije que tenía que esperarse a que hiciera los deberes. Hinchó los carrillos y volvió a plantar su pequeño trasero con falda en el sillón, donde estaba viendo Lazy Town. Algo que nunca me explicaría como podía gustarle a alguien. Tras pegarle de cabezazos a las derivadas y llamar un par de veces a María -en realidad llamé tres pero a la tercera tenía el móvil apagado y estoy totalmente seguro de que lo hizo aposta-, acabé los deberes y cogí a la trasto para irnos al parque. Como siempre, aquello estaba lleno de marujas a más no poder y de críos, así que me llevé los cascos y el mp3 y estuve ausente la mayor parte del tiempo. Finalmente, Ana se acabó cansando de hacer pollitos de una manera que yo todavía no había averiguado y me dijo que nos fuéramos a casa. La cogí de la mano y andamos hasta la esquina, donde al girar me choqué con alguien.

-Arg, tío, mira por dónde vas -dije sacudiendo la cabeza y tratando de enfocar los ojos. Cuando lo conseguí, se me revolvieron las tripas-. Vaya, profesor, qué sorpresa verle por aquí.

¿Qué cojones hacía aquí este hombre? Luis se recolocó las gafas y me miró con sorna.

-Iba de camino al supermercado, querido alumno -odio que se carcajeen de mí, ¿lo he dicho ya?-. Acabo de salir de casa.

-Pues no lo había visto nunca por el barrio -dije, tratando de aparentar un tono casual y amable.

-Eso es porque me acabo de mudar -dijo él. Se giró y señaló uno de los edificios que me quedaban en frente, con un portalito muy resultón, que tenía unas seis o siete plantas. Qué cuco.

-Ah... -fue todo lo que pude decir. No sabía qué me asustaba más, que el gafas viviese cerca de mi casa o la posibilidad de cruzármelo por la calle en el momento menos esperado (como hoy).

-Hermanito.

Ana, que había pasado toda la conversación callada, me tiraba de la manga con impaciencia.

-Hermanito, tengo hambre.

Claro, normal. Habíamos estado allí sus buenas dos horas y Ana todavía no había merendado. Parecía una enana pero era una zampabollos compulsiva, sobre todo de los que tenían chocolate como relleno. Ay, cómo se parecía a su hermano.

-Claro, canija. Ahora nos vamos a casa, no te preocupes -le dije con tono dulce.

-¿Esta es tu hermana? Es muy guapa -dijo Luis metiéndose en la conversación y sonriendo a Ana.

Al principio ella lo miró con los ojos muy abiertos pero luego sonrió muy orgullosa de sí misma con las mejillas sonrosadas y yo contuve una mueca. Encima, mujeriego, aunque con la apariencia que tenía no me extrañaba demasiado. Lo raro era que no hubiera visto a las chicas de clase babear sobre el escritorio. Que también podía ser que no hubiera prestado demasiada atención. Tendía que acordarme de fijarme al día siguiente.

-Sí, se llama Ana -dije, sintiéndome un poco estúpido por el tono de madre orgullosa con el que lo decía. Carraspeé-. Bueno, profesor, nos tenemos que ir. Nos veremos, eh... mañana.

Luis asintió.

-No te olvides de llegar a la hora o tendré que castigarte.

-Sí, claro... -dije automáticamente. Ya.

Lo vi alejarse en dirección al supermercado más cercano, tratando de pensar una excusa por la que al día siguiente no me castigaran por llegar tarde. Ana me miró con los ojos brillantes cuando empezamos a andar y Luis desapareció detrás de una esquina.

-¡Hermanito! ¡Hermanito! ¿Quién era ese hombre? ¿Tu profesor? ¡Es muy guapo! -dijo toda emocionada y casi trabándose con las palabras.

-Esto... sí, es mi profesor. Sí, es nuevo -respondí yo con medio monosílabos.

-¡Ahhh! -soltó con adoración.

Todo el camino de vuelta a casa, todo el camino, Ana estuvo como en las nubes pensando en Luis y a mí me sirvió de entretenimiento para picarla. Ella se defendía de mis insinuaciones sobre su comportamiento de “princesita de cuento” argumentando que con cinco años ya era mayor y que debía buscarse un novio. Jesús, por encima de mi cadáver, pensé. Al final llegamos a casa, donde le preparé un vaso de leche con colacao y nos sentamos juntos a ver lo que estaban echando en la tele.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Test para escritores

Este es un test que encontré por el foro de Laura Gallego García, donde también publico Bromas Aparte actualmente, y bueno, me apetecía hacerlo. Sé que este blog lo creé para subir sólo mis historias pero empiezo a pensar que subir pequeñas partes de mí que no sean historias ajenas también es una buena idea. Así que esto es para que conozcáis un poco más a la pequeña (o grande, eso lo decidís vosotros) escritora que hay en mí.


1. ¿QUÉ TIPO DE LITERATURA ESCRIBÍS? Pues de muchos tipos. Generalmente mis historias están centradas en una historia de amor, pero el resto puede ser fantástico, realista, futurista... Ahora mismo tengo en proyecto 1 futurista, 2 realistas, 3 fantásticas, un fanfic y una cosa rara.


2. ¿SOLÉIS ESTAR CON OTROS ESCRITORES? Sí. Tengo varias amigas que se dedican a escribir, unas más que otras, y también participo en un foro de rol, por lo que estoy todo el santo día escribiendo así como hablando con quienes escribo.


3. ¿EN QUÉ OS INSPIRÁIS PARA HACER LAS HISTORIAS? Depende. He tenido varias veces, muchas, que se me ocurren las historias cuando voy en el tren, en el metro o cuando estoy abstraída en casa y me pongo a pensar en las musarañas. Otras (estas han sido pocas pero me pasó hace unos días) sueño historias y por la mañana me acuerdo de ellas. Trato de retener todo lo que puedo de ellas en mi mente y lo escribo, y una vez lo tengo, decido si merece la pena desarrollarlo o no.


4. ¿OS HABÉIS PROPUESTO ALGUNA VEZ ESCRIBIR EN SERIO? Muchas veces, de hecho, ahora mismo lo estoy haciendo con una de mis historias y con otra de ellas espero empezar muy pronto, todavía estoy de investigación por mi mente para no dejar nada de lado.


5. ¿DEJÁIS QUE LA GENTE LEA VUESTRAS HISTORIAS? ¿A QUIÉN? Sí. Todo lo que escribo que pienso que merece la pena lo subo a mi blog de historias, pero también se lo paso a mis amigas escritoras para que me den el visto bueno y me critiquen.


6. LOS NOMBRES. ¿DE DÓNDE LOS SACÁIS Y PORQUÉ? la mayoría me salen solos, pero cuando tengo que buscar nombres suelo hacerlo en “20000 names”, una página de internet que adoro. Luego es cuestión de ver cuál me pega, o me llama, más.


7. ÍDOLOS. ¿COMO QUIÉN QUERRÍAIS ESCRIBIR? Uf. Lo cierto es que nunca he pensado en escribir como nadie famoso, siempre he pensado que la manera de escribir es propia de cada escritor. Yo no quiero escribir como nadie, quiero que mis libros gusten tanto como los de otros. Y a mí me gustaría que mis libros gustasen mucho, mucho, por cómo escribo yo misma.


8. ¿HABÉIS HECHO GUIONES PARA JUEGOS O ALGO ASÍ? No.


9. ¿CÓMO SOPORTÁIS LAS CRÍTICAS? Depende. Hay gente que critica de buenas, que te saca muchísimos errores pero que te lo dice amablemente, y otra gente que se dedica a sacarte errores porque sí, con cara de tiesto. Si se me dicen bien, las acepto, si se me acusa de cometer errores o si se me echan a la cara, pues salto.


10. SI HABÉIS PRESENTADO ALGO A UN CONCURSO, ¿QUÉ TAL OS HA IDO? Nunca he presentado nada. Miento, presenté un minirelato (una página) hace 3 años o así, a un concurso en internet, pero no gané.


11. ¿APUNTÁIS DESDE CUÁNDO EMPEZÁIS A ESCRIBIR Y CUÁNDO TERMINÁIS? No, nunca se me ha pasado por la cabeza hacerlo y estoy segura de que, de decidir hacerlo, se me olvidaría.


12. ¿LA MÚSICA OS HACE ESCRIBIR MEJOR O PEOR? ¿CON QUÉ CLASE DE MÚSICA? Depende del momento y de mi humor, pero yo diría que me ralentiza, me distrae muchísimo. La música es otra de las cosas que me atan, como el escribir, y si estoy haciendo lo segundo y me pongo música, no puedo evitarlo, me centro en la melodía y en la letra e inevitablemente acabo dejando la escritura de lado para cantar o cerrar los ojos dejándome llevar.


13. ACTUALMENTE, ¿CUÁNTAS HISTORIAS ESCRIBÍS A LA VEZ? No quiero escribir varias historias a la vez, me carga mucho. Traté de escribir dos hace tiempo pero siempre acababa desatendiendo una. Prefiero ir una por una y acabarlas que dejarlas para siempre en el limbo.


14. ¿OS HABÉIS PREGUNTADO ALGUNA VEZ SI VALÉIS O NO PARA ESCRIBIR? Muchas veces, muchas. Pero prefiero sacarme esa pregunta de la cabeza, porque me deprimo yo sola, y simplemente escribir.


15. PREGUNTA CURIOSA Y TONTA. ¿PARA CADA HISTORIA QUE ESCRIBÍS EN EL ORDENADOR USÁIS DISTINTA LETRA, ESTILO Y COLOR? Pues lo cierto es que sí, ahora que lo preguntas. No me había fijado hasta ahora pero tiendo a clasificarlas. No tanto por el tipo de letra ni el color (casi siempre escribo en Times New Roman) pero para los prólogos o epílogos, los flashbacks y las notas, etc, sí que cambio la fuente en cada historia. Supongo que es una manera de “personalizar” cada historia.


16. ¿ESCRIBÍS A MANO Y A ORDENADOR A LA VEZ? Escribo a ordenador. Antes me gustaba mucho escribir a mano pero iba más lenta y luego era un coñazo tener que pasarlo a ordenador y me quitaba mucho tiempo. Así que a menos que no tenga el ordenador a mano, escribo con él.


17. ¿LOS PERSONAJES DE VUESTRAS HISTORIAS SE HAN INSPIRADO ALGUNA VEZ EN ALGUIEN QUE CONOZCÁIS? Un par de veces sí. En Bromas Aparte hay dos personajes que nacieron de mí y de una amiga mía, respectivamente. Pero por los demás, no. Esa fue la última vez, me gusta que los personajes sean únicos.


18. ¿A QUÉ EDAD ESCRIBISTEIS VUESTRA PRIMERA HISTORIA? ¿OS ACORDÁIS DE ELLA? La edad no me acuerdo pero debió de ser por los 8 años y todavía conservo la tapa del cuaderno (la historia desapareció, debí de arrancarla más adelante). Aunque es más como un diario, es un diario en el que cuento que descubro la Alántida, lo que pasó allí al llegar, etc.


19. ¿QUÉ CARRERA ESTUDIARÍAS PARA CONVERTIRTE EN ESCRITOR? Puff, ni idea. Yo creo que la carrera influye en qué tipo de escritor pero estudiar o no no te convierte en escritor, sólo te “ayuda”, por así decirlo. Cuando estudias te haces más sabio, tienes más conocimientos, y estos te pueden servir para escribir.


20. ¿CREES QUE EL ESCRITOR NACE O SE HACE? Yo creo que nace, desde el punto de vista de que escritor es escritor quien ama escribir, quien “vive” escribiendo en su mente. Todos podemos ser escritores, sí, pero el amar el acto de escribir, de imaginar historias, es lo que yo considero que debe ser el alma de un escritor, eso es un escritor en el sentido completo de la palabra.


21. ¿QUÉ TRES PREGUNTAS HARÍAS A UN ESCRITOR?
-¿Cómo llegaste a escribir?
-¿Cómo sueles imaginar tus historias?
-¿Cuál es la historia que más te ha marcado y porqué?


22. ¿REALIZÁIS ESQUEMAS PREVIOS ANTES DE EMPEZAR A ESCRIBIR O LO HACÉIS SOBRE LA MARCHA? Suelo realizar esquemas, muchos, tanto en mi mente como escritos. De los hechos que ocurrieron antes, de los que tienen que ocurrir, de las relaciones entre los personajes antes y después, de las claves, de lo que sabe uno y otro no, de lo que deben saber, de lo que no deben saber bajo ningún concepto, sus personalidades, sus historias, sus gustos, sus traumas...


23. ¿PORQUÉ ESCRIBES? Porque lo amo, amo escribir. No por el acto mismo de teclear sino por el de imaginar. Llevaba años imaginando situaciones, historias, personajes, pensamientos, etc, hasta que se me ocurrió que podía escribirlos. Me gusta crear, imaginar detalles, todos los que he puesto arriba y más, y escribirlos es conservarlos, es ponerlos sobre papel para tenerlos siempre conmigo.


24. ¿CUÁNDO Y DÓNDE SOLÉIS ESCRIBIR? Normalmente cuando estoy sola en casa, o en mi cuarto con la puerta cerrada, en el metro con los cascos (ultimando detalles y haciendo esquemas sobre todo)... me gusta estar conmigo misma y sin nadie más cuando estoy escribiendo, saber que me dedico sólo a eso, en ese momento.


25. ¿CÓMO SOLÉIS ENFOCAR VUESTROS ESCRITOS? ¿DESDE LA VISIÓN DE VUESTROS PERSONAJES (PRIMERA PERSONA) O COMO UN OBSERVADOR OMIPRESENTE (TERCERA)? ¿O TENÉIS OTROS MÉTODOS? Suelo hacerlo en tercera persona casi siempre y como narrador omnipresente. Describo lo que ocurre, doy detalles de antes y después, lo que piensan los personajes... hay veces que me tengo que cortar las manos porque si no pondría demasiadas cosas y el misterio se iría a la porra.


26. ¿CUÁNTAS HISTORIAS, CUENTOS, RELATOS CORTOS... TENÉIS ESCRITOS YA? Ninguno xD No, es broma, sólo tengo sin acabar las novelas, tengo muchas planeadas pero no he conseguido todavía acabar ninguna ni he tenido tiempo. Con suerte para mediados del año que viene habré acabado Bromas Aparte y podré ponerme o con el fanfic que tengo entre manos (de HP) o ir de cabeza al próximo proyecto de libro. En cuanto a relatos cortos o cuentos yo diría que tengo tres, pero tan pequeños que casi no cuentan.


27. ¿OS GUSTARÍA QUE UNA DE VUESTRAS HISTORIAS FUESE AL CINE? Por supuesto, me encantaría, lo adoraría. De hecho, hay uno de mis proyectos que me gustaría poder llevar al cine mucho más que los demás, pero no tengo mucha fe por el momento. Primero: conseguir publicar. Y ya veremos qué viene después.


28. ¿CUÁL ES TU META COMO ESCRITOR/A? Para mí ser escritora no es una obligación, no me pongo como meta algo del estilo “ser la mejor escritora del mundo” ni “ganar X con mis libros”. Yo diría que mi meta más inmediata es conseguir publicar alguno de mis libros y, con ello, descubrir si a la gente le gustan mis historias.


29. ¿OS MOTIVÁIS CUANDO ESTÁIS ESCRIBIENDO? Bastantes veces, aunque por desgracia no me motivo cuando debería. Normalmente me motivo en momentos concretos de la historia, hay algunos que tengo muy desarrollados y otros que lucho por llevar adelante. Si me motivara cronológicamente todo sería mucho más sencillo.


30. ¿TE VES VÍCTIMA DE LA PÁGINA EN BLANCO? En parte sí y en parte no. Me veo víctima de los principios en blanco, porque siempre me cuesta bastante encontrar la manera correcta de empezar una historia, un principio que enganche y que se corresponda con lo que yo quiero, que me haga sentirme orgullosa de él y que luego no me cause problemas del tipo “mierda, metí una cosa que no debía” y demás. He llegado a reescribir el principio de una misma novela 5 veces seguidas en media hora. Pero es que escribir en sí mismo no es siempre fácil.


31. ¿A QUIÉN DEDICAS TUS ESCRITOS? En general, a mis amigos, a aquellos de mis amigos que comparten mis gustos y que se preocupan por mis historias, los que me dan la lata para que siga escribiendo y que siempre están ahí. Y luego, por extensión, a todas aquellas personas que de un modo un otro han llegado a leer algo de lo que escribo y les ha gustado.


32. ¿CUÁNTAS HISTORIAS SOIS CAPACES DE ESCRIBIR EN UN AÑO? Todavía no he llegado a acabar una sola así que... pero si te refieres a crear, a decidir personajes, a encadenar acontecimientos y crear una historia (escribir es simplemente pasar las palabras al papel de la manera correcta) muchas, muchísimas. Tantas que no soy capaz de contarlas. Por suerte o por desgracia, la mayoría quedan descartadas así que no me siento más presionada.


33. ¿PORQUÉ TE GUSTARÍA SER ESCRITOR? Porque así podría dar a conocer mis historias, más gente disfrutaría de ellas. Hay gente que no les gustaría pero con que hubiera alguna que disfrutara de ella el hecho de ser escritor cobraría sentido. El hecho de saber que las cosas que tú haces con tus propias manos gustan causa una satisfacción indescriptible.


34. ¿CUANDO ESCRIBÍS UNA HISTORIA, QUÉ ES LO QUE MÁS OS CUESTA ESCRIBIR? ¿LAS ESCENAS DE AMOR, DE GUERRA, DE MUERTE...? Las de guerra. Son unas de las que más me gustan pero para mí también son las más difíciles. Las peleas en general, las contestaciones bordes y demás, las reacciones de cada personaje en esos momentos me cuesta mucho imaginármelas, quizás porque yo misma no tengo mucha mano con los conflictos. Salto a la mínima y siempre acabo diciendo chorradas o me anulo a mí misma por no saber cómo contestar, no valgo para pelear inteligentemente.


35. VELOCIDAD: ¿CUÁNTO SOLÉIS TARDAR, MÁS O MENOS? ¿LA VELOCIDAD PERJUDICA EN LA CALIDAD DE  LA HISTORIA? Yo creo que la velocidad de escritura no perjudica en la calidad porque cada escritor es un mundo. Yo escribo bastante rápido cuando me da la inspiración y en esos momentos hay muchas veces que me doy cuenta que me falta algo y corro a corregirlo, o hay algo que no cuadra o que falta... pero también me sale todo más natural y fluido. Y cuando escribo despacio me desespero mucho porque tengo la impresión de que me voy a parar por no saber cómo seguir.


36. ¿CUÁNDO ESTÁIS ESCRIBIENDO NO OS ENTRA UNA IMPACIENCIA FEROZ POR ACABAR LA HISTORIA? Sí, mucha, muchísima. Por acabarlo y por releerlo, por disfrutar de ello. Pero, además, yo creo que me siento mucho más impaciente por llegar a las partes interesantes, las jugosas, esas que escribo con ansia, con malicia, con picardía, esos momentos que uno ama realmente de los libros y que te dejan marcado.


37. ¿ES MEJOR ESCRIBIR PRIMERO LA HISTORIA COMPLETA AÚN CON FALLOS PARA HACER LUEGO UN GRAN TRABAJO DE REVISIÓN O IR POCO A POCO SOLVENTÁNDOLOS? Puff... A esto no sé responderte. Con Bromas Aparte estoy haciendo y tengo todavía por delante un trabajo de revisión de los que te hielan la sangre en las venas pero escribir un libro solventando los problemas por el camino no es moco de pavo tampoco. Yo creo que depende del libro, porque el segundo caso lo estoy probando con el fanfic que tengo en proyecto y me va bastante bien por el momento, pero no sería capaz de hacerlo con determinadas otras historias. Depende de ellas, de su construcción y su narración. O eso pienso yo.