martes, 16 de marzo de 2010

Yo - Fanfic Road D Gray Man

Yo, que odiaba el blanco con toda mi alma.
Yo, que vivo entre negros absurdos donde la vida es incierta.
Yo, que arrebato almas al mundo con indiferencia.
Yo, que esparzo oscuridad a mi paso como si la llevara pegada a la suela de mis zapatos.

Quedé atrapada en el gris de tus ojos, que se tiñen de rojo de igual manera que lo hacen mis manos sin descanso de día y de noche;
deseando tocar tus cabellos con estas uñas que, impías, sangran lágrimas sin dolor propio;
soñando con besar esos labios incoloros tuyos, y morderlos y desgarrarlos como una fiera muerta de hambre;
anhelando manchar ese cuerpo sin mácula que parece vivir sin disfrutar de la vida;
muriendo sin morir puesto que se me comen los celos, mientras mi respiración se acelera una y otra vez.

Quiero arrancarte ese corazón que se esconde en tu pecho y meterlo en una pecera para conservarlo para siempre.
Quiero cortar tu cuerpo a cachitos y guardarlo en muchas cajitas para poder diseminarlas por mi cuarto como si fuera una obra de arte.
Quiero cortar tus cabellos y hacerme un collar de hilos que sangre y tenga una placa con tu nombre para poder demostrar al mundo que eres mío y de nadie más.
Quiero tantas cosas amor mío...

Quiero matarte pero a la vez conservar tu vida;
quiero hacerte daño y a la vez curar tus heridas;
quiero hacerte gritar pero también que toques para mí la más bella de las melodías;
quiero cristalizar tus ojos pero también que me dirijas tu mirada con una sonrisa.

Y sé que esto está mal pero no puedo rechazar ninguno de los dos caminos así que soñaré uno intermedio.
En el cual te haré buscar venganza y venir a buscarme, de manera que te pueda atrapar con estos malignos y por siempre malditos brazos y no escapes jamás.
Porque me costará pero lo conseguiré.
Te encerraré en esa jaula que soñé hace meses, la primera vez que nos encontramos y me miraste con inocencia más tarde convertida en odio.
Y ataré tus brazos y manos, para poder tocarte con más comodidad.
Y clavaré en ti estacas como las que decoraron tu cuerpo la primera vez que cruzamos espadas.
Y disfrutaré de tu dulce voz gritando mi nombre igual que canta el ruiseñor herido que no puede volar en su prisión de aire.
Y rodarán por tu rostro lágrimas rojas de dolor y sufrimiento, incitándome a probar su dulce sabor.
Y con el tiempo aprenderás a callar e ignorarás mi presencia, sin expresar tu rabia.

Pero nunca te dejaré ir y nunca volverás a volar.