martes, 15 de noviembre de 2016

UMC: La princesa y la bailarina

La princesa y la bailarina


Hace mucho mucho tiempo en un país muy muy lejano vivía una princesa muy inteligente y perspicaz llamada Frede. La princesa era tan lista que la consideraban un genio y tan pronto como fue lo suficientemente mayor se hizo cargo de los asuntos del estado, que por aquel entonces iban muy mal. Su reino era pequeñito y no tenía mucho que ofrecer a los países circundantes, por lo que nunca habían tenido todo el dinero que necesitaban. Pero una vez la princesa se hizo cargo todo cambió para bien. Aprovechó que en su país había muchas ovejas y convirtió toda su lana en telas que, teñidas de manera magistral, hacían a todos los demás países temblar de envidia. Vendiendo esas telas, la princesa hizo a su reino mucho más rico de lo que antes era, reconstruyendo edificios derruidos para darles nuevos usos y asegurándose de que todos los niños estuvieran bien educados para que en el futuro no le faltase nada a nadie. Por supuesto la princesa hizo muchas más cosas pero una lista tan larga no cabría en este cuento.

Viendo el éxito que la princesa había conseguido, sus padres, ya viejos, decidieron cederle la corona a los veintidós años y retirarse a una vida tranquila en las montañas. La princesa aceptó con gracia y pronto se organizó una fiesta enorme para celebrar la coronación. Solo había un problema, durante la fiesta se iba a celebrar un gran baile pero, ¡la princesa no sabía bailar! Descorazonada con el hecho, Frede dedicó días y noches a encontrar un profesor capaz que consiguiese enseñarle a bailar en muy poco tiempo.

Un día en que se había disfrazado para buscar de nuevo por la ciudad sin mucho éxito, la princesa empezó a oír gritos de júbilo a lo lejos que, intrigada, decidió seguir para ver qué causaba tanto alboroto. Cuando lo encontró, quedó fascinada. ¡Era un circo! Había colores por todas partes, gente y niños riendo y gritando de alegría, y la princesa, que nunca había estado en un circo, decidió comprar una entrada y sentarse a ver el espectáculo.

Había payasos que hacían reír, artistas a caballo que hacían maravillas con las patas, gatos de dos colas que se convertían en humanos, domadores de leones, leopardos azules que resplandecían y parecía que te miraban el alma. Pero la última actuación no podía describirse con palabras.
-¡Damas y caballeros! -dijo el director del circo al final-. ¡Por fin ha llegado su hora! ¡La actuación que todos estábamos esperando! ¡Ni hombre ni mujer, la criatura más hermosa del universo! ¡El increíble, el inigualable, trapecista ciego!

La gran ovación del público era prácticamente inaudible para la princesa, porque delante de sus ojos una figura increíblemente brillante estaba bailando y por mucho que el director dijera, era la mujer más hermosa que había visto nunca. Decían que era un trapecista pero en realidad era una bailarina que bailaba en el aire. Saltaba de plataforma en plataforma con agilidad y sin problemas, a pesar de tener los ojos cerrados todo el tiempo. Giraba, saltaba, se balanceaba de cuerda en cuerda y de plataforma en plataforma, nada estaba en su camino, todo estaba al perfecto alcance de sus manos y nunca se caía ni daba un paso en falso. La princesa estaba tan maravillada que cuando la actuación por fin se acabó, le costó unos momentos volver a la realidad y decidió que tenía que conocer a esa mujer.

A Frede no le gustaba aprovecharse de su estatus como princesa para conseguir cosas pero por una vez no dudó en acercarse al director y presentarse como tal, todo para poder conocer a la bella trapecista. El director, que veía posibilidad de negocio en el asunto, enseguida le abrió paso entre los artistas para que pudiera conocer a la bailarina. Esta estaba cambiándose de ropa en su camerino, que consistía en dos telas mal colgadas para dar algo de intimidad, cuando el director retiró una y entró sin reparos y sin avisar, sobresaltándola.

-¡Ajim! ¡Tienes visita! -gritó de mala maneras el director a la bailarina, que se cubría con una tela-. La princesa Frede quiere conocerte, espero que causes una buena impresión y hagas todo lo que te diga. No me dejes en ridículo -de la misma brusca manera en que había entrado y con una asquerosa sonrisa en dirección a la princesa, el director salió por entre las telas y las dejó solas.

La princesa Frede, viendo que la bailarina estaba incómoda medio vestida y roja por la vergüenza, se dio la vuelta y le dio tiempo para que terminara de vestirse.

-Muchas gracias, su alteza -dijo la bailarina con la cabeza gacha cuando hubo acabado.

-No ha sido nada, el director no debería haber entrado sin avisar ni haberte hablado tan bruscamente. Te llamas Ajim, ¿verdad? Quería conocerte porque tu actuación ha sido increíble, eres una bailarina maravillosa.

-En realidad me llamo Matja pero el director no quiere llamarme por mi nombre, para él solo soy un bicho raro que no es ni hombre ni mujer, solo estoy aquí para atraer al público y conseguirle dinero.

-¿Pero porqué dice que no eres ni hombre ni mujer? A mí me pareces una mujer hermosa -preguntó la princesa confusa.

-¿De verdad piensa eso? -preguntó la bailarina, ruborizada. La princesa asintió y la bailarina le explicó-. De pequeña yo nací niño, mi familia era grande y acogedora y todos me querían mucho aunque estuviera ciega, pero yo siempre me sentí mujer y un día decidí contárselo a mis padres, convencida de que me ayudarían como me habían ayudado siempre. Sin embargo, mis padres se quedaron horrorizados y antes que quedarse con alguien como yo decidieron que podían venderme como esclava, así ganarían dinero y se librarían de mí. El circo estaba en la ciudad por aquel entonces y el director me aceptó porque era diferente y podía ganar dinero con mi baile y mis acrobacias. Así que trabajo para él para pagarle lo que se gastó en comprarme, como muchos otros en el circo. No tenemos otra cosa y el director lo sabe, no nos aprecia ni nos muestra cariño porque no lo necesita, no tenemos otro sitio al que ir.

La princesa estaba horrorizada, no entendía cómo alguien podía abandonar a sus propios hijos, y mucho menos venderlos para ganar dinero. Pero lo que sí le había quedado claro es que Matja no vivía en el circo porque quería ni tampoco era feliz en él. Quería encontrar una manera de ayudar a la bella bailarina pero necesitaba tiempo para pensar en ello. La solución más fácil era comprarla a ella y a todo el circo al director pero seguro que este no aceptaría y, además, tampoco se merecía que se le pagase por sus actos despreciables. Aprovecharse de las personas de tal manera no era aceptable y la princesa quería darle al director esa lección. Además, la manera de echarle del reino debía ser pacífica y legal, ni siquiera ella, como princesa y futura reina, podía saltarse la ley, que decía que todo criminal debía tener un juicio justo con pruebas fehacientes. Pero de momento tenía una pequeña solución a dos pequeños problemas: sus clases de baile y mantener a Matja tan alejada del director como fuera posible.

-Matja, te prometo que te voy a liberar de ese monstruo, todavía tengo que averiguar cómo, pero lo haré -le dijo la princesa confiada-. ¿De momento, sin embargo, quieres venir conmigo a palacio y enseñarme a bailar? Necesito aprender para mi coronación y así tendremos tiempo para planear tu liberación juntas.

La bailarina no se lo podía creer y asintió entusiastamente con lágrimas en los ojos. Juntas fueron a ver al director y le propusieron que Matja viviera unos días en el castillo con la princesa durante sus lecciones. Al director se le pagaría por los días que Matja estuviera en palacio y por supuesto por las tardes podría volver al circo para sus actuaciones. El director, encantado con la cantidad de dinero que iba a ganar, aceptó sin problemas.

Y así pasaron días en que las dos mujeres estaban casi siempre juntas. Por la mañana desayunaban y hablaban, luego practicaban el baile y salían a pasear antes de la comida. Tras la comida planeaban el rescate de Matja y del circo y se iban conociendo poco a poco y todas las tardes la princesa acompañaba a Matja al circo para ver su actuación y para acompañarla de vuelta al castillo. Frede aprendió que aunque Matja no podía ver, sí que podía escuchar mejor que nadie, que andaba con gracia y nunca tropezaba, que amaba bailar porque se sentía libre, que uno de sus pasatiempos favoritos era que le leyeran al aire libre y que su sueño más grande era ser amada. Matja descubrió que era tan lista que nunca había tenido muchos amigos porque se sentían intimidados por su inteligencia, que a veces se le olvidaba comer de lo concentrada que estaba en otras cosas y que adoraba dar paseos por el bosque para escuchar la naturaleza. Se llevaban tan bien que los criados cuchicheaban por las esquinas y se iban informando de las novedades. Cómo la princesa sonreía más, cómo la esclava era amable con todo el mundo pero en cuanto la princesa Frede aparecía lo dejaba todo para estar a su lado, cómo esta le había regalado un hermoso vestido azul que contrastaba con su piel caramelo para que acudiese a su coronación… Poco a poco, sin que se dieran cuenta, se fueron enamorando.

Finalmente, tres días antes de la coronación, la princesa ideó un plan para atrapar al director y echarle del reino sin dañar al circo. Se cogieron algunas de las joyas que la princesa llevaba más a menudo y esa tarde, durante las actuaciones, los guardias de palacio las colocaron en un cofre y las sacaron de palacio bajo el pretexto de que las llevaban a pulir al joyero. Habiendo planeado todo hasta el último detalle, los guardias se aseguraron de pasar al lado del circo en uno de los descansos del director y respondieron a todas sus preguntas sobre la caja que llevaban. Siendo el hombre avaricioso que era, el director les siguió a la joyería y, después de que se fueran y las joyas quedaran en el mostrador, el director aprovechó que el joyero iba a por sus gafas a la trastienda y las robó.

La princesa, que había supuesto lo que el director haría, no se sorprendió para nada cuando los guardias al día siguiente fueron a buscarla para decirle que sus joyas habían sido robadas. La guardia real fue despachada al instante y rápidamente empezaron sus pesquisas. Para la hora de comer las joyas habían sido encontradas en el carromato del director. El criminal fue escoltado hasta la sala del trono y, una vez allí, se le juzgó culpable y la princesa pronunció su veredicto.

-Por el crimen de robo a la corona, se te sentencia a cinco años de cárcel y se te requisarán todas tus pertenencias, tanto materiales como figuradas. Tu circo quedará a cargo del reino y una vez salgas de prisión serás exiliado y no se te permitirá la entrada al reino nunca más -le dijo la princesa al director en frente de toda la corte.

Este, furioso porque le habían atrapado, salió de la sala del trono arrastrado por los guardias y lanzando improperios a diestra y siniestra. Mientras tanto, Matja lloraba de alegría por ser libre al fin y todos sus compañeros del circo contemplaban la escena con incredulidad por la misma razón. A todos se les ofreció la posibilidad de ser los nuevos dueños del circo o de recibir como regalo unas tierras en las que podrían vivir pacíficamente cada uno de la manera que quisieran, y esto último eligieron. Así mismo, se les invitó a todos a la coronación dos días después, que tendría lugar en los jardines de palacio.

Matja, sin embargo, se sentía algo triste puesto que por fin se había dado cuenta de que estaba enamorada de la princesa y creía que una vez la coronación pasase nunca volvería a estar con ella.
El día de la coronación todos los invitados observaron cómo la nueva reina recibía la corona y juraba su lealtad a su pueblo con voz fuerte y decidida. Matja escuchaba su voz con atención para nunca olvidarla. Al finalizar la ceremonia y antes de los bailes, sin embargo, ocurrió algo inesperado: pidiendo silencio y acercándose a Matja, a quien habían sentado en primera fila vestida con el regalo de la reina Frede, la levantó y ante todos los presentes se arrodilló ante ella y empezó a hablar.

-Mi querida Matja, eres la persona más bella que jamás he conocido y que jamás conoceré, tanto por dentro como por fuera. De no haberte conocido nunca habría sabido de la bondad que hay en tu corazón ni de la felicidad que me traes. Por estas y por tantas otras razones que no sé nombrar, me sentiría honrada si, aquí y delante de todos mis súbditos, aceptases ser mi esposa y nuestra segunda reina.

Boquiabierta y sin palabras Matja solo sentía las manos de la reina en las suyas, el resto del mundo se había desvanecido. Temblorosa por la emoción, asintió y una gran ovación se hizo entre el público cuando la reina se enderezó y besó a su prometida.



A partir de entonces Matja vivió en el palacio como reina consorte  de la reina Frede y se convirtió en su mujer, su confidente y su persona más preciada. Nunca más volvió a sentir que estaba sola y atrapada y su deseo de ser amada fue cumplido.


Fin.

lunes, 20 de junio de 2016

Por Orlando - Poema

He venido aquí
como cualquier otro
a llorar lágrimas sobre tumbas
que no responden ni escuchan.

Sobre mis gritos
no hay nada escrito,
a nadie le importa
a quién voy a llorar.

No vayas con la esperanza,
los recuerdos no desaparecen,
no hay manera
de volver el tiempo atrás
ni de olvidar.

Es un deber
a soportar,
un deber con el que cargar,
con el que enseñar.

Si tan solo pudiera haber estado allí
para acompañar,
solo, solo,
para hacer más llevadera
la muerte.

Yo ya me he despedido
pero sigo viniendo,
sigo llorando lágrimas
por el odio y el irraciocinio. 

Dime, ¿qué hay que hacer?
Para vivir en paz,
para amar,
para permanecer en pie.